Hally y Antonio

“Hace cinco años comencé una relación con un chico que vive en la colonia de mi abuelita, él únicamente estudió la secundaria, salió con un promedio pésimo y en ese tiempo trabajaba en una carpintería, su nombre es Antonio. Tuvo un accidente, cayó de quince metros parado y se destrozaron sus pies, estaba muy grave pero Dios es tan grande que lo ayudó a caminar de nuevo con terapias y además iba al gimnasio para que su recuperación fuera rápida. A partir de ahí lo idealicé, creía que era el chico perfecto para mí, lo visualicé como un chico con muchas metas y sueños.
Siempre lo veía con su novia cuando iba a rehabilitación, a pesar de eso lo veía tan guapo y tan apuesto.
Yo había terminado la carrera, tuve titulación por excelencia, fue algo agradable y me sentí orgullosa de mí, sentía que tenía el mundo a mis pies, tenía un trabajo donde ganaba súper bien, fue increíble tenía todo, sólo me faltaba el chico de mis sueños.
Poco a poco Antonio y yo nos hicimos buenos amigos, sé inglés y él quería que yo le enseñara así que comenzamos con eso, pero casi siempre me dejaba plantada que por su trabajo o porque salía fuera y lo entendía. Nos mandábamos mensajes y bueno era todo perfecto, él decía que me admiraba mucho y yo a él por haber salido de ese problema.
Hasta que un día me sorprendió con un mensaje hermoso pidiéndome que lo intentáramos, ¡Dios, lloré como loca! ¡Lloré como jamás había llorado!, aparte que en esos momentos mi abuelita acababa de fallecer, ¡Dios, creí que mi abuelita me había mandado un ángel por su partida!
Comencé a dar todo por él, lo amé con todas mis fuerzas, cada que nos veíamos tenía un detalle para él, jamás se iba en blanco, aparte siempre le daba mi bendición, le pedía que me avisara cuando llegara a su casa. Sabía que era niña de casa, no tengo papá, aun así siempre me decía que me admiraba, que yo no era como todas las chicas que había tenido o que había conocido a lo largo de su vida, ¡me sentía feliz!
PERO ÉL NO…
Aun así me besaba, me abrazaba, pero siempre terminaba conmigo, me dejaba plantada pero yo lo buscaba, le llamaba y le pedía una oportunidad y a duras penas me las daba. Un día llegó a decirme que no me quería, que no le gustaba, que se había equivocado que todavía amaba a su novia que lo había dejado hace tres años. Ella lo dejó y él al parecer sufrió mucho. Nuestra primera navidad me regalo un peluche pero dejándome en claro que no me quería, que jamás lo haría y que ya no quería seguir conmigo.
Así pasaron los días, unos buenos otros malos, hasta que un día hubo magia, quiso estar conmigo, pero porque se dio cuenta que yo tenía buena posición económica, jamás le hablé de ello pero se daba cuenta que sabía muchas cosas y que jamás me faltaba el dinero. Empezó a pedirme cosas y yo comencé a vestirlo bien, le enseñé a andar en México, lo llevaba a varias partes, le regalé y compré muchas cosas materiales, incluso le ayudé a cambiar su auto dos veces, le daba dinero, le compré lentes de contacto, lo vestí, en fin, estaba fascinado conmigo y yo con él.
Yo no tenía redes sociales, hasta que empecé a notar cosas que siempre habían estado pero no quería aceptar, abrí mi cuenta de Facebook y descubrí que él también tenía cuando me juraba que no… Jamás imaginé lo que encontraría, pues mientras estaba conmigo seguía extrañado a su novia y lo escribía en su Facebook subiendo fotos, canciones, etc.
Hablé con él, negó todo y yo lo perdoné. Creo que yo ya empezaba a sufrir pues lloraba mucho, empecé a tener mucha tristeza, sentí que ya no brillaba como antes, comencé a darme cuenta que él estaba conmigo por dinero. Cerraron la carpintería y yo le dije que no se preocupara, yo le ayudaría.
Nuestra relación se adentró más y más, pero por las cosas que yo le daba. Empezó a apegarse más a mí, empezamos a reír, a salir con mayor frecuencia. Estaba desempleado y yo pagaba todo, no me incomodaba porque lo hacía con gusto y tenía con qué. Así pasamos unos largos meses felices, bueno yo era sumamente feliz por mi trabajo, él, mi mamá estaba contenta por mí, aunque mis amistades decían que no era la persona adecuada para mí. Cabe mencionar que él fue mi primera relación formal.
Comenzó a subir de peso, me comentaba que no podía subir por lo de sus pies por lo que regresó al gimnasio, yo pagaba su mensualidad y sus complementos. En el gimnasio entrenaba un amigo suyo, que además es el dueño y lo invitó a trabajar como instructor, aclaro Antonio nada que ver con eso pero aceptó.
Yo tengo hipertiroidismo y subo mucho de peso, por lo que me propuso que asistiera, estaba a punto de recibir mi título y bajé mucho de peso, me puse en forma, Antonio me deseaba más al verme bien, empezó a pedir estuviéramos juntos, él sería mi primera vez. Comencé a reflexionar cómo puede un cuerpo y una cara delgada hacer que un hombre se fije más en ti. También cambié mi manera de vestir, iba más coqueta. Me decía güera, nena, hermosa, bonita, beba, etc., pero jamás me decía que me amaba. Así como jamás hicimos el amor como yo hubiese querido, sólo me tocaba y yo me quedaba fría, porque simplemente deseaba que lo satisficiera haciéndole sexo oral, yo con tal de que se sintiera bien lo hacía.
Siempre le rogaba que saliéramos, sin embargo nunca tenía dinero o no tenía ganas porque siempre era primero su familia. Un día le llevé un galón de gasolina porque no tenía dinero para llenar el tanque de su auto y lo hice con tal de que saliéramos juntos. En el gimnasio le pagaban $700 a la semana y aparte tenía pensión, para incrementar el dinero comenzó a vender ropa deportiva en el gimnasio, fue un proyecto de ambos y se lo dejé por su situación económica.
Comencé a descontrolarme hasta que perdí mi trabajo cosa que le molestó mucho pero yo busqué uno nuevo y no me di por vencida, encontré otro súper empleo donde ganaba más, pero igual lo perdí porque Antonio me pedía tiempo y bueno, se lo concedía, mi mundo se volvió mi pareja.
Poco a poco sentí que mi luz se apagaba y la de él brillaba con más fuerza. Mi familia se dio cuenta y me quitaron el apoyo económico y moral. Dejé de ir al gimnasio y Antonio me hizo a un lado. Cada vez me hacía más desplantes, ya no era la persona que conocí, se puso fuerte, fornido y comenzó a salir a fiestas.
Le conté que había tomado la decisión de irme a trabajar a CONAFE, pagaban bien por tener la licenciatura, así que toda la semana no nos veíamos, sólo nos veíamos los fines de semana, yo estaba muy agradecida y sentía un gran amor porque él me apoyó para trabajar en esa institución, sin embargo cuando le escribía en la semana ya no me contestaba.
Supe que en esta etapa conoció a una señora en el gimnasio, se besaron y su historia arrancó, ella es casada y tiene dos hijos, según Antonio le dio dinero para divorciarse pero no lo hizo.
Jamás tuvo el valor de decirme que esa señora estaba en su vida, me trato como un trapo, me llamó mierda, basura, poca mujer, poca cosa, me escupió en la cara, me maltrató, me trató como nada, me pegó y todo por esa mujer.
A pesar de todo, lo iba a buscar a su casa y al gimnasio y de ambos lados me corrían, sentí que me volvía nada. Tiempo después supe que terminaron su relación y lo busqué, volvimos pero él ya andaba con otra señora que tiene dos hijas ya grandes, volvió a pegarme y a escupirme, volvió a lastimarme y hasta me demandó.
Busqué ayuda, asistía con una psicóloga pero volví a recaer.
Antonio jamás me pidió perdón, al contrario quedé mal acabada, hoy en día no tengo trabajo, me enfermé y me operaron, siento que me ha ido sumamente mal y sigo llorándole porque en verdad lo amo como jamás imagine amar a alguien.
Las dos mujeres con las que anduvo después de mí me buscaron en Facebook y las acepté, me han dicho que lo deje en paz. Les conté lo que me hizo y no me creyeron, dijeron que era completamente diferente a lo que yo les decía.
Sigo hundida rogando olvidarlo y a la vez suplicando que él me pida perdón y que Dios me permita volver a verlo una vez más. Ya no lo he buscado, porque sé que volvería a insultarme o golpearme.
A veces creo que merezco lo que me pasa, ya que aposté todo por Antonio y él hasta llamó a mi casa para acusarme que lo buscaba por eso mi mamá me corrió.
Sigo pensando y sigo creyendo que algún día se arrepentirá de todo lo que me hizo y vendrá a pedirme perdón, aunque esas mujeres sean más que yo, estoy segura que ¡ninguna jamás lo amara y querrá como yo! Siempre que salgo de casa, a caminar voy al mismo lugar donde me pidió una oportunidad y le pido a Dios que Antonio sea inmensamente feliz y a mí me ayude a sacarlo de mi vida, pues estoy hundida totalmente”.

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