El problema es la libertad*

Un sonado caso de negación de aborto por malformación en Perú provocó varias reacciones, pero ninguna recomendación, incluyendo la de la ONU versó sobre los más importante: La libertad que tienen las mujeres[1] sobre su cuerpo.

En el periódico en línea The Huffingtonpost salió un artículo  titulado “United Nations Commitee Affirms Abortion as a Human Right” (algo así como “El comité de las Naciones Unidas declara el Aborto como un Derecho Humano”). El cual describe un caso en Perú, en donde una adolescente de 17 años solicita un aborto pues el feto trae una malformación congénita llamada “anancefalia”[2] cuya gravedad no permite sobrevivir al recién nacido más de unos cuantos días. A pesar de que en dicho país el aborto es legal en estas circunstancias, le fue denegado.

Veamos, es un embarazo de una adolescente en donde los riesgos son múltiples. Según la causal salud en esta etapa de la vida existen diversos factores de vulnerabilidad como riesgo a la salud emocional, física y social pues las oportunidades académicas y laborales pueden verse seriamente coartadas. Si a todo esto le añadimos que es un embarazo con una malformación congénita incompatible con la vida pues es evidente que todo esto se agrava a escalas desproporcionales. Por lo que, afirmar el aborto como un Derecho Humano a partir de un caso extremo como este deja de lado el verdadero problema: la libertad de las mujeres.

Días después salió otra noticia por parte de Promsex con el encabezado: “Naciones Unidas recomienda a Perú la despenalización del aborto en todas la circunstancias” donde nuevamente se refieren al caso ya descrito pero con la novedad de que ahora le añadieron en “todas las circunstancias”. Es cierto que hay un avance sustancial de la primera a la segunda noticia ya que en este título se vislumbra el aborto por decisión. Y justamente me parece curioso e interesante pensar no en lo que se dice sino en lo que no se dice, en aquello que está escrito entre líneas.

Para seguir ejemplificando esta situación, recordemos  otra situación actual. Con lo del virus del Zika los discursos van dirigidos hacia la abstención por parte de las mujeres a embarazarse y no se plantea, al menos no abiertamente, la posibilidad de interrumpir el embarazo en estas circunstancias.

Dichas notas muestran coordenadas suficientes para reflexionar cómo se está abordando el tema del aborto. Y es menester preguntarse  ¿qué se calla en el contenido de las notas?, ¿por qué las principales protagonistas son las mujeres? (Ah sí, se me olvida que nos embarazamos por obra del Espíritu Santo).  ¿Por qué eligen decir “en todas las circunstancias” y no “por voluntad de las mujeres”? Puede verse como una sutilidad sin gran importancia, como una mera elección de estilo de quién redacta. Sin embrago, las sutilidades y omisiones son unas de las principales formas de ejercer violencia y de invisibilizar las experiencias.

Que el  mandato de género de lo femenino esté en comunión con la maternidad y crianza como una relación naturalizada, destinada, autodesignada y vigilada no es algo novedoso. En realidad, dicho mandato corresponde a los llamados roles de género, que en su definición responden a comportamientos sociales y culturales basados en una supuesta diferencia sexual.

Pero ¿por qué la posibilidad de embarazo implica que decidir libremente sea más difícil para las mujeres?,  ¿cuáles son las bases políticas en las que están fundamentados tales roles de género?

Carol Pateman[3], en la teoría del contrato sexual invita a reflexionar sobre el papel de las mujeres y hombres en todas y cada una de las sociedades.

Diversos autores han teorizado acerca de un contrato social, una especie de acuerdo de “paz” que hace que las sociedades puedan convivir sin permanecer en conflicto permanente. Pateman visibiliza dicho contrato social como un contrato sexual. Es sexual porque es patriarcal ya que es fundado por hombres heterosexuales blancos que se distribuyen el cuerpo de las mujeres para asegurar esa supuesta paz y su libertad en tanto varones. Y también es sexual porque está basado en una aparente diferencia natural explicada como diferencia sexual: las mujeres tienen útero, ellas se embarazan. Dicha diferencia ha funcionado como  justificación para posicionar a las personas con útero en el ámbito de lo privado y de ahí la invisibilidad “natural” de las mujeres en el ámbito político, en el terreno de las decisiones.

En este sentido, resulta claro que la femineidad ha sido objeto de una enfática construcción discursiva normalizadora desde hace siglos. La función reproductiva ha sido, y sigue siéndolo, una función fundamental de la femineidad “normal” y “natural”. No obstante, dicha diferencia “natural” también es una diferencia política cuyas implicaciones persisten hasta nuestros días.

En Historia de la Sexualidad II, Michel Foucault argumenta que a partir del S. XVIII la sexualidad parece tener un carácter represivo, es decir  hay una aparente prohibición para hablar de ésta ya que se le conmina a lo privado, se la lleva a la alcoba. Dicha represión es aparente porque en realidad se generan una serie de dispositivos a partir de los cuales sí se puede mencionarla , como lo son: la medicina, la pedagogía, la demografía y todas aquellas grandilocuentes voces de batas blancas (léase con sarcasmo).

Es en este siglo cuando los Estados surgen como tales y la población comenzó a verse como un fenómeno. Es aquí cuando los estados empiezan a administrar lo público, blanco de intervención que requiere gestión. Surge un estado de políticas natalistas, enfocado a la reproducción por lo que es bastante evidente concluir que dichas regulaciones iban dirigidas hacia las mujeres, son  los cuerpos de las mujeres quienes se controlan. La dificultad de hablar de la libertad de las mujeres a partir de esta lectura radica en el carácter regulatorio y controlado de su cuerpo. Es decir,  el cuerpo de las mujeres, por su carácter reproductivo (y no es que no exista participación de los hombres nombrados biológicos o como Preciado diría cuerpos susceptibles de donar espermas, sino que desde las construcciones regulativas y simbólicas, los hijos son de las mujeres) es sujetado a una serie de normas que dificulta pensarlo en términos de autodeterminación.

Resulta paradójico que por un lado las personas con útero, al tener la posibilidad de embarazarse se posicionen socialmente en al ámbito privado y que, por otro lado su cuerpo sea regulado desde el Estado. No hay prueba más clara y cercana de esto, que el hecho de que en nuestro país sólo sea pueda interrumpir voluntariamente el embarazo en la Ciudad de México y que además se tenga una fecha límite para tomar la decisión. O como en el caso de Perú, en el cual sólo se permite el aborto por causales como malformación y violación.

Históricamente han existido sobrereacciones morales cuando las mujeres subvierten el estereotipo de la mujer y precisamente la decisión de aborto atenta contra el ideal de feminidad al posicionarse como sujetos de sus propias vidas.

Como defensores y defensoras de la igualdad no podemos seguir solapando discursos que encubran el verdadero problema. La decisión de aborto es una decisión ética porque implica el no generar daño. Y el seguir situando al feto como un sujeto de mayor importancia que las mujeres implica que  no podemos acceder a la misma libertad e igualdad. Por lo que invito a siempre tener en cuenta  una de las máximas de la segunda ola del feminismo en donde lo personal es político, pues no hay nada más político que la sexualidad.

Parafraseando a  Celia Amorós,  hablar y ejercer el aborto habla de si las mujeres somos humanas o no, porque posicionar al no nacido como un sujeto de derechos implica que las mujeres seguimos siendo vehículos por decreto**.

aborto

* Andrea, sexóloga feminista.

** Este  texto continuará con reflexiones en torno a los discursos biológicos y religiosos del feto.

*** Ilustración de Grecia Leal.

Alvan, J. (2016). ONU recomienda a Perú despenalice el aborto en todas circunstancias.

http://www.agendapais.com/?p=35454

Grimes, D. (2016). United Nations Committee Affirms Abortion as a Human Right.

http://www.huffingtonpost.com/david-a-grimes/united-nations-committee-affirms-abortion-as-a-human-right_b_9020806.html

Foucault, M. (2009). Historia de la sexualidad. Vol. I La voluntad de saber, Siglo XXI, México.

Pateman, C. (1995). Él contrato sexual. Anthropos, México.

[1] En este texto me referiré a “mujeres” como aquellos cuerpos sexuados que en un criterio binario  tienen la posibilidad de embarazarse y que actúan principalmente significados de feminidad.

[2] La anancefalia es una malformación cerebral congénita caracterizada por la ausencia parcial o total del cerebro, cráneo y cuero cabelludo.

[3] Teórica política y feminista de origen británico, autora del Contrato Sexual en donde con una mirada crítica parte de la deconstrucción misma de los discursos clásicos de la democracia.

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