Mía y Ana

Para pensar está noche, Mía nos comparte su historia de Violento Amor Romántico. Excelentes memorias que nos ayudan a identificar esos pequeños detalles que pueden hacer tanto daño, daño que muchas veces pasa desapercibido a los ojos de quien no quiere ver, pero que sin duda deja estragos difíciles de superar aunque no por eso imposibles.

“Fui una niña que creció viendo todas las películas de Disney, me las sabía de memoria, jugaba a ser una princesa y por supuesto me tragué la idea de que un príncipe vendría a rescatarme y que seríamos “felices para siempre”
El primer choque fue cuando mis padres se separaron, yo tenía 15 años y me preguntaba ¿dónde está el final feliz? Además a esa edad, era fiel seguidora de la música pop de los maravillosos 90´s, si, me encantaban esas canciones que hablaban del amor adolescente e incondicional ya saben “tu mi complemento mi media naranja” o esa que dice “entra en mi vida, yo te lo ruego, te comencé por extrañar, pero empecé a necesitarte luego”
Así viví una que otra relación, y no me puedo quejar, con mis novios puedo decir en general que me iba bien.
Cuando entré a la universidad, conocí a una chica que movió todo mi mundo, porque cabe mencionar que además de la influencia del amor rosa, la religión tenía un peso importante en mi formación. La cosa es que a pesar de que tenía miedo de irme al infierno, iniciamos una relación que duró tres años.
Poco a poco me dejé llevar y fue una experiencia maravillosa en mi vida. Me sentía súper amada y protegida porque a todos lados a dónde iba ella siempre me acompañaba, de pronto aparecía en mis clases y no me importaba cancelar a mis amigas cuando ya habíamos quedado de hacer algo porque pensaba, si ella ya dejó todo por venir a verme, lo menos que puedo hacer es corresponder de la misma manera. Sin darme cuenta algunas amigas se fueron alejando, en su momento por supuesto que no me importó, todo lo que yo necesitaba era que Ana estuviera conmigo, se convirtió en mi mundo y yo pensaba que yo era su mundo.
Fue tan difícil darme cuenta que no era así; unos seis meses antes de terminar, comencé a notar que su comportamiento cambiaba, me cancelaba las citas que acordábamos, me decía que estaba ocupada, que tenía cosas más importantes que hacer porque comenzó a trabajar y yo me volví paranoica porque algo me decía que no era cierto, no sé al final conoces a la gente y sabes cuándo te miente, sobre todo cuando se dan cambios tan drásticos, no es necesario ser experta para saber que algo no está bien. Como era de esperarse yo tenía la contraseña de su correo electrónico y ella la del mío, así que entré a husmear sus correos y descubrí que había conocido a una chica a la que veía cada que me cancelaba y con la que por supuesto terminó engañándome.
Me dolía el alma y me sentía menos que nada porque todas esas cosas que me había dicho antes se las decía ahora a ella, todas esas canciones que me dedicaba se las “regalaba” y todo lo que yo viví era como si ya no me perteneciera. La confronté, quería hacer las cosas más fáciles pero obvio todo me lo negó entonces yo me sentía tan confundida, me decía que estaba mal y que no entendía que era sólo su amiga, ¿cómo creerlo? En poco tiempo mi autoestima estaba por el suelo y mis amigas, alejadas…
Ella me decía que me amaba, que no quería terminar conmigo, que era lo mejor que le había pasado, que nos casaríamos al terminar la universidad y que nos haríamos viejitas juntas pero… esto también se lo escribía ahora a alguien más. Terminó diciéndome que me había descuidado mucho, que me veía diferente y que además me había vuelto loca, pese a todo esto yo le rogaba que no me dejara, le prometía cambiar, no revisar su correo, me le ofrecía como si el sexo pudiera ser suficiente, y desde luego mi autoestima terminó por los suelos, perdí mi identidad, me daban ataques de ansiedad, comencé a fumar como nunca y ni siquiera recuerdo cómo fue que terminamos sólo recuerdo que toqué fondo.
Afortunadamente cuando voltee para arriba las manos de esas personas que yo había alejado porque a ella no le caían bien, estaban ahí, me jalaron y me dieron respiración de boca a boca esperando poco a poco que yo reaccionara y regresara.
Después de algún tiempo me di cuenta que viví violencia psicológica porque quería ser la mujer perfecta, la que amaba de forma incondicional, capaz de perdonar cualquier cosa en “nombre del amor”, todo esto fomentado por las películas, las canciones, el sistema. Ahora sigo siendo pop pero escucho las canciones con gafas violetas, ya no permito que me roben mi privacidad, mi identidad y mi esencia.
Es difícil darse cuenta cuando te encierras en un círculo vicioso, pero no es imposible y ahora sé qué amar con libertad y reciprocidad, es posible.”

*La convocatoria para que nos cuentes tu “Historia de violento amor romántico” sigue abierta, recuerda que es totalmente anónima.

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