Nuevas maternidades para la nueva generación:

Apreciaciones sociales desde el feminismo sobre la maternidad en la juventud mexicana

por Mag-Riedka*

La  palabra maternidad, inmediato y sin titubeos, remite al concepto de madre, el cual según la primera acepción de la RAE corresponde a: “Mujer o animal hembra que ha parido a otro ser de su misma especie”. Esta designación además de esencialista[1] no es suficiente para definir todo lo que significa el término madre social, cultural y psíquicamente, ni mucho menos para comprender a cabalidad el ejercicio y la construcción social en torno a la maternidad.

El momento histórico en que se fundó  la noción de maternidad es la modernidad. Durante este periodo comienza a forjarse el imaginario simbólico de madre y maternidad, cuando la criatura deja de ser símbolo de estorbo y/o miedo[2], pues adquiere condición de humano, de <<niño-rey corazón del universo familiar>>[3] y se le considera figura digna de cuidados exclusivos de su progenitora. Es importante enfatizar el horizonte temporal donde nace la noción de maternidad, para entender que no surge de manera “natural”, sino como el producto de un espeso entramado de construcciones sociales, las cuales son difíciles de identificar debido a la tendencia de asumir como “naturales” procesos culturales complejos y de largo alcance, a los que la investigación con perspectiva de género ha ayudado a nombrar.

Uno de los grandes temas debatidos gracias al resurgimiento del feminismo de la segunda ola es la maternidad. Parte de estos debates se pueden comprender más a fondo a partir de tres ejes que desde  los feminismos se han expuesto:

  • Maternidad como producto de la cultura patriarcal.
  • Maternidad como germen de una cultura de mujeres.
  • Maternidad interpretada desde la diversidad y heterogeneidad cultural.[4]

Cualquier postura desde los feminismos dónde se estudien las maternidades, tiene como consenso una crítica política que cuestiona la naturalidad de la feminidad (en específico la de maternidad por su relación con lo biológico) y el consenso más sólido es el de que cada mujer debe ser dueña de su cuerpa, para poder decidir libremente acerca de todo lo que le atañe a esta, como lo son: su capacidad reproductiva, erótica-sexual y productiva. “Mi cuerpa, mi vida, mi decisión sobre mí ”, cada una decide si ser madre o no serlo.

Ya teniendo algunos antecedentes centrales sobre la maternidad desde los feminismos, es muy importante no dejar a un lado que cuando el vínculo materno filial se vive de manera sana puede ser uno de los amores más intensos, puros y recíprocos.

Dicho lo anterior nos podemos adentrar ya más claramente y sin prenociones a la importancia del estudio de uno de los mandatos culturales más importantes para la historia y vida de las mujeres, pero también de todo ser viviente, o quizá el más importante (valorarlo), pues la maternidad, más allá de experiencia de vida de las mujeres o de construcción psicosocial, es el proceso de formación del ser humano, debido a la secuencia de fenómenos concatenados que genera (concepción, gestación intrauterina, nacimiento, gestación extrauterina y crianza[5]).

¿Cómo vive la juventud mexicana la maternidad en la transmodernidad[6], tomando en cuenta que el mandato cultural de “buena madre” fundado en la modernidad sigue presente en el imaginario social?

Antes de contestar la pregunta, es importante mencionar que me refiero a transmodernidad y no a posmodernidad, porque  esta última es una época ya no vigente y la transmodernidad rompe con la posmodernidad. La transmodernidad no es un fin al que tenemos que llegar, sino la delineación de la situación que vivimos, un punto de no retorno ante nuestras antiguas certezas ilustradas (modernas), pero también una asfixia que pugna por salir de la banalidad posmoderna.

Por otro lado, siguiendo la línea para responder los más claramente posible el cuestionamiento anterior, es substancial delimitar a través de dos fenómenos que viven actualmente las jóvenes mexicanas que deciden y no deciden la experiencia de la maternidad, tomando en cuenta que sólo es una parte de la multiplicidad de maternidades que se pueden encontrar actualmente en nuestro país.

Maternidades Adolescentes (12-19 años de edad)

En México el fenómeno social del embarazo adolescente (que ya es un problema de salud pública) y que por ende resulta en la maternidad adolescente (no en todos los casos, por las cifras de defunción de adolescentes y criaturas, al parir) se puede interpretar desde una primera mirada como el resultado de que durante los dos sexenios del PAN (2000 a 2012) propaganda y campañas de orientación sexual para adolescentes fueron restringidas en los medios de comunicación del país, dándole privilegio a campañas que promovían la abstinencia. A dicha medida se le achaca haber provocado que aumentara la tasa de embarazos entre menores de 19 años.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) actualmente la cifra es mayor a la de 1990, cuando los partos de adolescentes representaron el 18% del total en el país. La estadística más reciente, de 2012, señala que el porcentaje es de 19,4% de todos los nacimientos. El alto índice de natalidad entre los menores de edad influyó en el incremento de la población dentro del territorio mexicano. Una muestra es que en el Censo Nacional de Población y Vivienda de 2010 se encontró que había cuatro millones de personas más de lo que se había estimado encontrar.

Doce años sin campañas, ni propaganda de educación y orientación sexual para adolescentes influyó a que en la actualidad nos sea algo cotidiano la maternidad adolescente. Es tan común que no sólo  se polemiza en nuestro entorno social, pues en las redes sociales  virtuales a través de la divulgación de <> sobre el tema  se propician infinidad de opiniones entre las que predomina la discriminación hacia las madres adolescentes, prejuzgando su decisión de ejercer su maternidad, cuestionando el ejercicio de su sexualidad, señalando su inmadurez, categorizando y más. En los comentarios impera el adulto-centrismo, este provoca que se desvalorice todo lo que no gire en torno a la adultez como dominante sobre las niñas, niños y en este caso en particular las adolescentes, por lo tanto se produce una relación asimétrica y hegemónica. Las opiniones vertidas no muy regularmente toman en cuenta que las adolescentes también deciden.

Cifras recientes según Save the Children México muestran que 40% de los embarazos de adolescentes que pertenecen a una clase social baja son deseados, mientras que sólo una tercera parte de los embarazos en adolescentes no son planeados. Las cifras anteriores son prueba de que más allá de las malas decisiones del gobierno panista y la falta de orientación sexual a adolescentes, 40% deciden tener a la criatura, lo cual denota que los embarazos durante la adolescencia no se deben únicamente a la carencia de información sexual para éste sector de la población, sino que vivimos en una sociedad donde sigue imperando el mito de la buena madre y la vinculación mujer-madre; se vislumbra que el fenómeno del embarazo adolescente no obedece únicamente a cierto comportamiento, pues intervienen factores como la raza, la clase social, el género, la geografía, factores que pueden complejizar la vida, especialmente la de las mujeres. Por lo anterior, antes de emitir cualquier juicio de valor en contra de las madres adolescentes pensemos sin sesgos de género, que cada experiencia de vida es diferente y que en tiempos de decadencia social decidir tener hijxs es un acto subversivo.

Maternidades en la juventud de la transmodernidad

En la transmodernidad se retoma la crianza con apego de las comunas hippies sufriendo una transformación tecnología, donde la crianza colectiva se lleva a cabo a través de lo virtual, de los blogs y las redes sociales infinitas de información como estimulación temprana, alimentación más sana, pro-lactancia, psicología infantil, etc.,  en general para el mejor desarrollo físico y mental de la criatura.

Se plantean nuevas formas de definir los roles parentales y de género, lo anterior da como resultado que en nuestra época se vaya deconstruyendo la noción sobre maternidad, produciendo: corresponsabilidad con el padre a la hora de la crianza y cuidados de la criatura (maternazgo), formación de  las familias homoparentales, existencia de hombres embarazado[7] , mujeres ejerciendo la maternidad a la par de su inserción en el mundo laboral, decidiendo y deseando cada quien su maternidad, así como su no-maternidad y seguir “realizándose”, dinamitando  el estigma de que una mujer que no es madre está incompleta .

En la época actual se ha trastocado la noción de <> socialmente establecida, debido a las transformaciones sociales, las cuales influyen en el imaginario subjetivo de maternidad.

Ya que el empirismo materno es diferente en cada mujer, no se podría hacer un análisis a profundidad teniendo un único modelo de maternidad, por eso en la transmodernidad y desde los feminismos analizamos las maternidades.

Por ultimo quisiera citar a Laura Ruth Lozano, feminista y docente de psicología en la UNAM: “La lucha de las mujeres por la equidad de género en todos los ámbitos de la vida social, económica, cultural y política ha tenido resultados positivos. La crítica y el cuestionamiento a los modelos impuestos deberá ser la pauta para alcanzar nuevas conquistas”.

*Mag-Riedka, socióloga feminista subalterna.

pnitasTu

*Ilustración por Inma Ramos (p.nitas)

[1]Según esta corriente es la biología la que determina la esencia masculina o femenina.

[2]En el siglo XVII,  basándose en la literatura, la filosofía y la teología de la época, así como en las prácticas educativas, se comprueba que el niño cuenta poco en la familia, cuando no constituye para esta un estorbo, entonces en el mejor de los aspectos, su condición es insignificante y en el peor da miedo, Badinter abunda en el por qué en su obra ¿Existe el amor maternal?, 1981.

[3] A partir del Emilio de Rousseau publicado en 1762, antes de esta fecha se le sigue concibiendo hasta como símbolo del mal por ser resultado del pecado original.

[4] SÁNCHEZ, ÁNGELES BRINGAS, Cultura Patriarcal o Cultura de Mujeres: Una reflexión sobre las interpretaciones actuales, en México, En: http://www.redalyc.org/pdf/267/26700611.pdf .

[5] Todos los seres humanos se forman en esa secuencia. No hay otra manera de ser humano; no hay otra vía, otra alternativa. (Rodrigañez, 2012).

[6] Concepto puesto en circulación por la filósofa feminista Rosa María Rodríguez Magda es su obra Transmodernidad, 2004.

[7] Véase, Hombres embarazados, por Marta Lamas, en http://www.proceso.com.mx/?p=398945.

  • BADINTER, Elisabeth, ¿Existe el amor maternal?, Ed. Paidós, España 1981.
  • LAMAS, Marta, Hombres embarazados, recuperado el 02 de agosto de 2015, de http://www.proceso.com.mx/?p=398945.
  • RODRIGÁÑEZ, Casilda, La represión de deseo materno y la génesis del Estado en sumisión inconsciente, Ediciones Crimentales, España 2007.
  • RODRIGUEZ MAGDA, Rosa Mª, Transmodernidad, Ed. Anthrophos, Barcelona, España 2004.
  • SÁNCHEZ, ÁNGELES BRINGAS, Cultura Patriarcal o Cultura de Mujeres: Una reflexión sobre las interpretaciones actuales, en México, En: Política y Cultura, núm.6, primavera, pp. 161-168, Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco, Distrito Federal, México, 1996.
  • SAU, VICTORIA, La maternidad: Una impostura, En: Douda, Nº 6, Barcelona 1994.
  • ___, El vacío de la maternidad (Madre no hay más que ninguna), Icaria y Antrazyt, España 1995.

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