Estuvimos en el escrache de la UAM-X*

Llegamos al punto de reunión al que nos habían convocado. Nos trazaron una ruta, la cual se transformó a lo largo de los pasos y gritos. Iniciamos tímidas, aunque no éramos pocas[1]; era la primera vez que la UAM-X presenciaría algo así. Empezamos con una de nuestras consignas favoritas: “¡No!, que te dije que no, pendejo no”.

Vía FB Ali López 1

-Foto vía facebook Ali López

El primer punto fue el edificio A, ya que había reunión del Consejo Académico. Ahí se unieron, momentáneamente, otras compañeras. Dentro del espacio, algunos docentes se esforzaron en ser indiferentes expresando en su rostro pereza y hartazgo, el mismo que apreciamos a lo largo del recorrido. Estábamos rodeadas por celulares y cámaras tanto de docentes como de alumnxs, grabando este momento de ruptura e irrupción. Mientras la rectora Patricia Alfaro Moctezuma intentaba tomar la voz y callarnos, nosotras gritábamos más; la timidez se había esfumado.

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-Foto vía facebook Rafael Palma

La primera acción de la rectora fue poner a votación un receso: la mayoría a favor, pero algunos cuantos votos en contra. Tomaron el receso justo durante la lectura de un pronunciamiento, el cual tanto el Secretario de Unidad, Joaquín Jiménez Mercado (él estaba mencionado como acosador, raro, ¿no?), como Patricia se negaron a escuchar. Al volver de su receso, anunció que no había condiciones para continuar la sesión, por lo que se cancelaba. Se retiró junto con Joaquín y una escolta de hombres. Ante esto, se pudo escuchar a una profesora advirtiendo, desde un micrófono, que la rectora no tenía la facultad de cancelar la sesión, que estaba violando la legislación institucional por lo que tenía que volver a su lugar y poner a votación el cierre de la sesión.

Vía FB Ali López

-Foto vía facebook Ali López

La rectora Patricia Alfaro Moctezuma hizo caso omiso. Con la misma actitud autoritaria con la que censuró al Muro de Denuncia al Acoso en su primera y segunda versión, se negó a escuchar.

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Varias personas nos cuestionarán por qué decidimos hacerlo de esta manera. Les preguntamos ¿y por qué no?

Compañerxs, es sencillo, hay profesores que generación tras generación han acosado a alumnas. Aunque también hemos conocido casos de alumnos acosados por sus profesoras, que el agresor sea varón y docente ha resultado ser una característica constante que no deberíamos ignorar. Profesores que se esperan a que termine el trimestre para invitar a sus (ex)alumnas a salir, pedirles matrimonio u ofrecerles trabajo a cambio de poder hostigarlas, otros para pedirles fotografías por las redes sociales u otros medios. Profesores que creen que no hay nada más común entre ellos y sus alumnas que un “sano coqueteo”. Profesores que persiguen a sus alumnas hasta su casa y la solución que les dan es que se den de baja ese trimestre. Profesores que les solicitan a las alumnas ir de falda o vestido a exponer la clase. Y, claro, toda una estructura social que naturaliza estos comportamientos.

Es necesario resaltar que, el escenario en el que se desenvuelve el debate del hostigamiento y acoso sexual se ha desarrollado de manera equivocada: en si han existido o no relaciones que impliquen el consentimiento entre docentes y alumnxs. Habría que plantear  que en el imaginario masculino todos parten de la idea de que las mujeres desean esas propuestas, “piropos” y apreciaciones. Es decir, ellos realmente creen que todas las mujeres han consentido sin decirlo. Mientras, por otro lado, a las mujeres nos han socializado para no saber decir no, para tener miedo de decir no, o para anular el no de nuestras compañeras. El Muro de Denuncia al Acoso ha roto este imaginario y quizá es lo que más les provoca. Probablemente este planteamiento sea el que explique con mayor precisión que se tenga como premisa que todas las denuncias son falsas hasta demostrar lo contrario.

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Una de las críticas y cuestiones más comunes ante esto es: ¿y por qué no denuncian mediante la institución? Tal pregunta, además de absurda, parte de la idea de que no hay denuncias. SÍ hay denuncias, compañerxs, pero ni la UAM-X sabe en dónde están. Nos acercamos a preguntar en dónde están las denuncias de otras generaciones, mucho antes de otorgarle a “Cuerpos que importan” tal tarea; hay que agregar que no se ha expuesto qué facultades tiene éste para impartir una sanción o solución al acoso. Las denuncias, que son una hoja de papel dirigida al órgano institucional que te toque en el momento, están en distintos niveles de la institución según sea tu persistencia: desde la coordinación de tu carrera hasta el Consejo Académico. Ahí, guardadas y regadas, sin posibilidad de hacer una estadística o una sistematización. Es verdad, pueden acercarse a preguntar y, además de dar un paseo por varios edificios de la uni, se encontrarán sin certezas y con miles de choros.

Esta es una muestra OBVIA de que, a nuestra honorable y súper revolucionaria UAM-X, nunca le ha interesado edificar un proceso de denuncia ante los acosos u hostigamientos sexuales, sino dificultar este tipo de imputaciones mediante la burocracia o minimizando el problema, otorgando soluciones en las que el agresor continúa y continuará en el lugar de siempre: “date de baja este trimestre y el siguiente él ya no será tu profesor”.

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La inexistencia de un proceso de denuncia concreto y con resultados positivos para la agredida es una razón de gran peso por la que pocas compañeras se exponen a realizarla. ¿Ustedes denunciarían sabiendo que no pasará nada y, que es muy probable, que seguirás conviviendo con tu agresor o que perderás tu trimestre? Contrario al ilusorio proceso de denuncia institucional, el Muro de Denuncia al Acoso ha provocado debate y movimiento dentro de la UAM-X.

También, se tiende a pensar que una denuncia, sea donde sea, se realiza en un terreno neutro[2], en donde tanto la persona que denuncia como la denunciada tendrán las mismas condiciones. No es así, eso ya debería ser de conocimiento común, basta con abrir el periódico o preguntarle a algunx conocidx que haya llevado a cabo un tipo de denuncia para que te confirme que todo sigue igual, que no fue escuchadx o que incluso se le culpó.[3] Y sí, seguramente les duele reconocerlo, esto se reproduce dentro de la UAM-X. La denuncia está permeada por las relaciones de poder asimétricas, por lo que se protege únicamente al docente.[4] Los efectos de estas relaciones las pudimos apreciar en el escrache, en donde trabajadoras nos apoyaban e incluso nos ayudaban a encontrar cubículos de docentes, o nos decían otros nombres. Ellas no se integraron a la manifestación como muchas otras compañeras estudiantes; había un temor latente de unirse y recibir represalias. Sin embargo, apreciamos esas muestras de apoyo.

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Por todo esto que se ha expuesto, dudamos en quedarnos calladas. La ruptura y la irrupción han sido las herramientas para provocar cambios y subvertir los papeles. No se busca que se nos tome en serio dentro de parámetros patriarcales que perpetúan las prácticas machistas dentro de la institución. No se busca realizar un proceso de denuncia que sólo aligere la tensión que ha provocado el Muro de Denuncia al Acoso en sus dos versiones, sino un espacio libre de acoso y hostigamiento sexuales para las alumnas y alumnos. En resumen, no se quiere hacer la tarea-que le corresponde a las autoridades- de realizar los protocolos necesarios y un lineamiento ético de convivencia entre docentes y alumnxs, ya que ha sido la misma institución la que ha encubierto los casos de acoso y hostigamiento sexual.

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Es necesario darle a conocer, o recordarle, a la comunidad uamera, algunos puntos de La Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.

ARTÍCULO 12.- Constituyen violencia docente: aquellas conductas que dañen la autoestima de las alumnas con actos de discriminación por su sexo, edad, condición social, académica, limitaciones y/o características físicas, que les infligen maestras o maestros.

ARTÍCULO 13.- El hostigamiento sexual es el ejercicio del poder, en una relación de subordinación real de la víctima frente al agresor en los ámbitos laboral y/o escolar. Se expresa en conductas verbales, físicas o ambas, relacionadas con la sexualidad de connotación lasciva.

El acoso sexual es una forma de violencia en la que, si bien no existe la subordinación, hay un ejercicio abusivo de poder que conlleva a un estado de indefensión y de riesgo para la víctima, independientemente de que se realice en uno o varios eventos.

ARTÍCULO 15.- Para efectos del hostigamiento o el acoso sexual, los tres órdenes de gobierno deberán:

V. En ningún caso se hará público el nombre de la víctima para evitar algún tipo de sobrevictimización o que sea boletinada o presionada para abandonar la escuela o trabajo;

VII. Implementar sanciones administrativas para los superiores jerárquicos del hostigador o acosador cuando sean omisos en recibir y/o dar curso a una queja.

 

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Sobre la irrupción en el edificio de Diseño. Como era de esperarse, fue en donde menos fuimos recibidas. Este espacio es conocido por su indiferencia ante movimientos o rupturas sociales. Un profesor salió de su aula con una actitud agresiva hacia la compañera que traía el megáfono, en ese momento nuestra reacción fue acercarnos y responder con nuestras consignas. Su respuesta fue empezar a grabarnos, como si eso nos fuera a intimidar. Una de nosotras también lo grabó, a manera de espejo para que viera lo absurdo de su comportamiento. La tensión aumentó y un alumno de él reprodujo la misma actitud: se acercó autoritariamente a la misma compañera. Nosotras gritábamos las consignas, por lo que él cambió de estrategia: en una actitud de “diálogo” le solicitó argumentos, nuevamente, a la misma compañera; es decir, nunca se dirigió al contingente. Ésta es una “estrategia” típica del universitario clasista y progre: exigir argumentos. No inventes, era una manifestación, no un conversatorio, mijo. Ha habido eventos en los que se les ha invitado a dialogar y, obvio, no has ido. También nos surge la duda de por qué siempre que se denuncia algún tipo de abuso de poder, se exigen fundamentos y evidencias duras. Bueno, nosotras seguimos gritando y haciendo ruido, ¡mucho ruido! Entre nuestras consignas, no pudimos evitar gritar: “¡El eje del mal, es heterosexual!”[5]

También nos gritaron: “¡estamos en clases!” Cuando se pegó una hoja en la puerta de un salón, una estudiante se quejó: “¡no dañen el edificio!” Al parecer pegar una hoja de papel indigna mucho más que la situación de acoso dentro de la universidad, pegar una hoja de papel mueve más que la censura que se ha recibido, pegar una hoja de papel es más reprobable que la complicidad y el encubrimiento de las autoridades de la UAM-X.

Quizá es que no conocemos la pasión que envuelve a lxs de diseño para indignarse por un pedazo de puerta y no por los acosos. No les culpamos, seguramente todas las personas hemos pasado por prácticas que jamás hemos cuestionado, como defender un monumento o una puerta, perdiendo de vista problemáticas que nos afectan o afectan a otras personas. Por esa experiencia en común, con aquellas personas que aún no se atreven a ver lo obvio, les regalamos esta entrada del blog, porque la neta qué hueva tener que estar dando explicaciones y argumentos siempre. La verdad, pueden investigar, ¿no? Si requieren que les recomendemos textos, escríbanos un mensajito. Aunque consideramos que tales análisis se pueden llevar incluso sin tener estudios formales sobre género, raza, clase o etnia, sino mediante una constante reflexividad y la observación.

Nosotras buscamos eliminar todo tipo de opresión, incluso de las que hemos sido parte. Decidimos romper con nuestra educación, ese aparato que busca naturalizar todo tipo de violencias sistémicas. Porque algo que nos enseñaron en la UAM-X fue a dudar de lo aprendido, cuestionarlo y transformarlo.

Es lamentable que sean mayoría las personas incapaces de notar la complejidad de la problemática y la necesidad del anonimato, en donde la denuncia institucional toma la figura de un placebo y no una solución, en donde las compañeras son agredidas al denunciar a acosadores por lo que otras más sienten temor de unirse y alzar la voz. Otra larga historia de impunidad y encubrimientos. Denuncias guardadas en carpetas negras, sanciones que no pasan más allá de un llamado de atención, pronunciamientos que harán sordos los oídos de la rectora. Acosadores que continuarán hostigando a compañeras porque “es un coqueteo sano”.

[1] Recordamos con ímpetu aquel escrache en la Representación de Chihuahua debido a un transfeminicidio. Éramos como nueve cuerpas y eso no nos impidió realizar la acción. Algunas pensamos que la poca asistencia se debía al horario de la convocatoria, pero al caminar sobre la Av. Reforma nos encontramos con una enorme masa indignada por Ayotzinapa. Nos mostró otra triste realidad dentro de nuestro enorme océano de indignación; sin afán de poner a competir dolores sólo decimos aquello que incomoda: hay cuerpas que el sistema impide que nos importen. Agregamos liga: http://kaosenlared.net/mexico-discurso-de-odio-en-chihuahua-llega-hasta-el-transfeminicidio/

[2] Esta tendencia no es propia de la denuncia. Se puede apreciar en investigación y el afán por la “objetividad”. Por ejemplo, hay un creciente romanticismo por teorías de la alteridad, en las que el rostro de la otredad se presenta histórica y contextualmente desarticulado, así como libre de género o etnia, por mencionar algunas categorías analíticas. En otras palabras, tal terreno neutro es imposible.

[3] Les pasamos una nota reciente: http://www.lajornadadeoriente.com.mx/2016/06/16/violencia-contra-las-mujeres/
Y otra no tan reciente: http://www.milenio.com/policia/violacion-asesina-Yakiri-Rubi-homicidio-Ramirez_Anaya-PGJDF-doctores-joven_0_209979325.html

[4] Un libro que recomendamos sobre este tema y otros más: Hacia una teoría feminista del Estado, Catherine A. MacKinnon. Es un mamotreto, pero vale la pena. La autora tardó como 18 años en terminarlo.

[5] Por si les interesa, PDF: http://www.hartza.com/ejedelmal.pdf

* CoCu (Colectiva Cuerpa)

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